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COMO CLAVO A LA MADERA

 

 

COMO CLAVO A LA MADERA

 

 

 

 

Lcdo. Martín Zambrano Astudillo

 

 

Tenemos tendencia a decir, y a menudo temerariamente, que si una cosa sigue a otra, probablemente ésta cause a aquélla, siguiendo el antiguo principio de que post hoc ergo propter hoc  (“Después de esto, por lo tanto, a causa de esto&rdquoGuiño.

“Sobre el conductismo” B.F. SKINNER

 

 

La resbaladiza y ancha pista neocultural por la que actualmente desciende, a velocidad vertiginosa, la escéptica y hedonista modernidad del  pensamiento latinoamericano, antes más efusivo y sensible a la experiencia de los afectos positivos y a la sana emoción espiritual e intelectual, apenas si tiene parangón histórico -respecto del referente colonialista, obviamente-. No lo tiene de manera precisa, digo, en cuanto a la perspectiva histórica del salto dialéctico  -postulado y ejercido con fiereza por el pragmatismo o realismo radical del materialismo académico y cientificista- de los países súperdesarrollados, que en el ámbito de sus propias experiencias continentales pueden justificar su praxis, sino, y estrictamente, con aquellos procesos de las modas y los modismos novedosos seudo dialécticos (empobrecedores y retardatarios) que el  materialismo pro-imperialista ha logrado aplicar e imponer –con mucho éxito- en nuestras regiones, gracias a la complicidad evidente del clientelismo político y económico de una minoría criolla o mestiza de la derecha y la ultraderecha latinoamericana. Modas y modismos o referentes neoculturales modernistas que son lesivos, incluso, al artificio religioso –no al cristianismo pleno-  traído desde la España imperialista del pasado y que han originado la descomposición o decodificación casi total de aquellos profundos contenidos éticos y morales que todavía fortalecían a la naturalidad cordial,  fraterna y solidaria, de los individuos naturales de estas hermosas y coincidentes latitudes andinas.

 

Hoy, más que ayer, el bajo perfil constitucional de la identidad nacional, de los pluralismos o de la diversidad cultural, solo ha servido para separarnos en profundos antagonismos sociopolíticos o étno-fóbicos; es decir, el remedio ha resultado ser peor que la enfermedad.  

 

Dos o tres generaciones atrás  la honestidad, la vehemencia moral y el respeto a las tradiciones ancestrales todavía eran, hasta para el más común de los ciudadanos de los pueblos originarios (indígenas), no solo costumbres culturales y religiosas, sino, profundos y normativos principios comunitarios. En la actualidad, las huellas del colonialismo  del pasado y las nuevas formas de colonialismo neoliberal han descaracterizado por completo la personalidad de  la mayoría de los jóvenes indígenas que, al entrar a otros espacios étnicos, terminan renegando de sus raíces y disfrazándose de mestizos.

 

El mismo proceso se manifiesta con los mestizos medio blancos respecto de los blancos “criollos”, y de éstos con los blancos de “raza pura”.  Así también se cruzan los paralelos y los hemisferios en la esfera socioeconómica cuando observamos al indigente intentar representarse en la apariencia “apretada” del pobre; al pobre renegar de su condición y aparentar holguras económicas que no posee; al económicamente activo fungir como “rico”; al rico dárselas de millonario y, al millonario, perpetuándose en el usufructo de todos estos estratos sociales como el Ser profundamente insensible que es.  En el aspecto político-religioso (un término compuesto en su más exacta propiedad modernista)  la cosa es mucho más contextual; aquí tenemos al secular forzándose en lograr una imagen neo-creyente para usufructuar las ventajas que ofrece la hipócrita religiosidad; al neo-creyente explayándose en la ignorancia de su catolicismo incipiente; y al católico doctrinario –pero advertidamente teórico- haciendo exagerada publicidad de “sus buenas obras”. Y finalmente tenemos, en esta zoología diversa, al “astuto animal político”  cubriéndose de camisetazos para lograr su ambiciosa perpetuidad protagónica.

 

Un viejo refrán o dicho popular argumenta “que el conocimiento entra a golpe de palo”; pero en estos casos  de la necedad corrupta entra,  para conformidad de los aludidos, como clavo a la madera.

 

 


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